Nuestro alojamiento de ayer no era un hotel, sino un apartamento donde tenías que abastecerte tú mismo. En consecuencia, el abuelo y yo nos fuimos sin desayunar. Los estómagos del abuelo y del nieto gruñeron lentamente. En un pequeño bar de Berbés, desayunamos bocadillo y café. El desayuno estuvo acompañado por un Peregrino francés y su guitarra. La música hizo que nuestra pausa durase más de lo previsto, pero la fortaleció y hizo que el resto del recorrido fuera más fácil de recorrer.



